martes, 4 de octubre de 2011

SOBRE VERDUGOS, PATRIOTAS Y OTRAS AFICIONES

Aunque el término democracia fue acuñado en la antigua Atenas, y proviene del griego “demos”, que puede traducirse como pueblo, y “kratos”, traducido como poder o gobierno, es decir, gobierno del pueblo, mucho ha sido el avance que se ha producido, a lo largo de la historia, en torno a este concepto. Personalmente, pienso en la democracia como una forma de gobierno en el que la toma de decisiones queda legitimada por una base racional. Claro, que a partir de aquí deberíamos añadir o discutir sobre lo que entendemos cada cual por racional y que debería, en este caso, ser un vocablo relativo a la razón, aunque parece ser que hay quien entienda por racional otra acepción del diccionario de la Real Academia Española relativa a un ornamento sagrado que llevaba puesto en el pecho el sumo sacerdote de la ley antigua.

He leído en estos días sobre la necesidad de liberar a un pueblo, he leído también sobre yugos. Y es curioso, algo debe estar pasando pues, hace ya bastante tiempo leí un informe de 1954 titulado “Liberemos a México del yugo imperialista” que, curiosamente está redactado por Dionisio Encina, político mexicano, quien en 1944 fundó la Liga Socialista Mexicana. Y digo que algo debe estar cambiando pues el autor de lo leído en estos días sobre “pueblos liberados” responde a unos ideales neoliberales y conservadores, a saber por sus propias palabras.

La verdadera libertad la consigue un pueblo cuando se le da la oportunidad de elegir a sus representantes (que no a sus gobernantes ni dictadores), cuando se le da la oportunidad de expresarse en cualquiera de sus acepciones (ya sean carteles informativos, invitaciones a consejos o juntas, o manifiestos reivindicativos). La verdadera libertad de un pueblo, y los que presumen de ser docentes deberían saberlo mejor que nadie, empieza donde terminan los intereses de los que pretenden dirigir sus designios.

He leído también en estos días sobre patriotismos, sobre el orgullo de pertenecer a un pueblo y sobre la unidad de ese pueblo. Cosa también curiosa, pues no había leído antes sobre la dualidad libertad-unidad. Pero esto es lo que tiene la incoherencia política y sobre todo esto es lo que pasa cuando se juega a ser político. Permítanme que discrepe sobre el término “orgullo” del que he leído estos días, sencillamente porque yo mismo he aprendido a comprender, a entender y sobre todo a respetar que “mi pueblo”, que no el suyo, pertenece a “su pueblo”, que no el mío, pero de ahí a sentirme orgulloso queda un largo camino, que al menos yo no estoy dispuesto a recorrer pero sí a respetar. Y lo mismo pueden pensar los habitantes de “otros pueblos”.

Debo concluir que tenemos ante nosotros a los verdaderos verdugos de la tiranía, aunque eso suponga callar las voces de los más débiles. Debo pensar que el pueblo ha elegido a los verdaderos salvadores de la patria, aunque para ese menester dinamitemos derechos fundamentales adquiridos en los últimos años por dicho pueblo.

Debo terminar felicitando a ese pueblo hermano que no se calla, que no se adormece y que no se resigna a tomar por justas las decisiones que no han emanado de la voluntad del propio pueblo.

Jesús Solís

PSOE Tesorillo